Ficha cada componente con origen, tratamiento, emisiones asociadas y opción de reutilización. Un pasaporte digital, accesible mediante código en la obra, guía reparaciones y evita desperdicios en reformas. Incluir proveedores locales, fotografías de fabricación y recomendaciones de cuidado convierte la documentación en puente entre diseño y vida útil. Invita a tus colaboradores a actualizar este registro con cada intervención; la transparencia fortalece lazos y enriquece la memoria material del lugar con datos útiles y emotivos.
Prefiere tornillería visible, encastres reversibles y acabados reparables. Planifica claros de acceso, tolerancias y repuestos estándar para que el mantenimiento no requiera especialistas lejanos. Cuando una pieza cumpla su ciclo, define rutas de reuso y donación. Talleres comunitarios pueden enseñar a aceitear madera, zurcir lana o retacar revoques. Así, el cuidado deja de ser gasto oculto y se vuelve ritual compartido, donde cada gesto extiende la vida del conjunto con dignidad y alegría.